Comer despacio es una forma sencilla de aportar salud al organismo y eliminar parte del estrés de la rutina diaria. Esto lo verifica  un estudio de la Universidad Cristiana de Texas (EEUU). La investigación, publicada en Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics y realizada con personas con peso normal y con sobrepeso, señala que comer sin prisas aporta cinco beneficios para nuestra salud.

 1º.  Aumento de la saciedad al comer despacio

Comer más despacio ayuda a reducir la sensación de hambre porque nuestro sistema digestivo está relacionado con el sistema nervioso. Todo en nuestro digestivo es inconsciente e involuntario. Cuando la situación ambiental en la que estamos (sitios con mucho ruido, estar apretados para movernos, etc) es mala, ello causa un estrés a nuestro sistema nervioso que se refleja en la digestión.

¿Por qué comer despacio reduce la sensación de hambre? Sencillamente porque somos más conscientes de lo que hacemos. Tomamos conciencia de estar sentados, masticamos tranquilos, despacio, nos detenemos para hablar si estamos en compañía, etc. Cuando comemos despacio el cerebro entiende que se está saciando y se produce un reflejo en la sangre con el aumento de la glucosa y los demás nutrientes. Por tanto, todo el sistema regulador entiende que nos estamos alimentando bien y se nos va quitando el hambre. Además al acabar de comer, la sensación de hambre es menor tras finalizar aquellas comidas que se realizan a un ritmo más pausado, independientemente del peso de la persona.

Sin embargo, cuando estamos estresados, ansiosos, tendemos a comer más y peor y elegimos alimentos más calóricos: chocolates, papas fritas, etc. Si comemos tragando rápidamente sin masticar, el organismo no acaba de tener noticias de que ya se está alimentando bien y por lo tanto sigue teniendo apetito voraz. Cuando el cerebro se entera casi siempre ya es demasiado tarde. Después, llegan los remordimientos y las indigestiones.

 2º.  Menor consumo calórico

Como ya he comentado anteriormente las señales químicas que el estómago envía al cerebro para informarle de que se ha consumido la cantidad suficiente de alimentos suponen un intervalo de tiempo a tener en cuenta para aminorar el ritmo al que se come. Se ha comprobado que las personas con un peso normal que comen más despacio ingieren una cantidad menor de calorías.

 3º. Menos molestias digestivas al comer despacio

Al comer rápido hay mayor predisposición a sufrir hipo o gases, ya que con el alimento llega una mayor cantidad de aire. De hecho, un estudio elaborado por la Universidad de Carolina del Sur (EEUU) afirma que comer deprisa puede dar lugar a un tipo concreto de indigestión llamado « reflujo gastroesofágico ».

 4º. Mejor hidratación

Comer más despacio fomenta consumir más agua. Tomar agua mientras comemos despacio produce la distensión del estómago contribuyendo al menor consumo de alimentos.

Seguro que conocemos gente que no come con agua. Son personas que tienen ese hábito -porque también se educa el hábito de comer al igual que el de beber- y están en un estado casi permanente de subhidratación y se adaptan a ello bebiendo poca agua y líquido en general. Cuando comemos despacio y tenemos a nuestro alcance el agua tendemos a beber más y contribuimos a la hidratación de nuestro cuerpo. Esta es otra conclusión colateral de este estudio que resulta bastante significativa.

 5º. Más placer para los sentidos

Ya hace años la OMS recomendó que en los centros de trabajo hubiera al menos 40 minutos para las comidas.  Seguimos fallando en esto desde la infancia. En muchos comedores escolares se comen lo que les ponen en 10 ó 12 minutos porque quieren irse al patio a jugar. Comer en menos de estos 40 minutos produce estrés y eso lo acabamos pagando desde el punto de vista nervioso y nutricional.

Más tiempo para comer se traduce en más tiempo para agradar al paladar y al olfato. Una comida con prisas impide el disfrute del aroma, de la textura, del sabor y de la gama de colores que conforman el plato. El comer debería servirnos para hacer una pausa y liberar parte de la tensión diaria.

Ya saben, debemos volver a las buenas costumbres, comer despacio y disfrutando, cuando se pueda hacerlo en compañía con el televisor y los móviles desconectados. No hay que olvidar que en una dieta saludable y equilibrada es tan importante el qué comemos como el cómo lo hacemos.

Marina Muñoz Cervera hace un guiño a este tema inventando un poema.

Comer con la razón

Masticar los alimentos
con sosiego y atención
es comer con la razón
y previene desalientos.

Con certeros movimientos
se tritura la comida
porque es fuente de vida
sentir que cada bocado
deglutimos bien mascado
con agua como bebida.

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