Personas que participaron en el taller

El pasado sábado 22 de marzo inaugurando la primavera asistimos a un Taller de cocina en «Dara Feeling Food»  y no podía dejar pasar este momento sin dedicarle unas palabras, así que prendo una vela y me dejo llevar, es mi fórmula.

Este taller nos hizo ilusión nada más ver la inscripción impresa en papel sobre el cristal del restaurante. Fue un flechazo. En esta ocasión vibró en femenino, pues la mayoría de los asistentes eran mujeres, a excepción del espontáneo fotógrafo Aday que no se pudo resistir (una vez más) a dejar constancia en imágenes de lo acontecido en el evento.

El menú que Dara se disponía a enseñarnos era de lo más sugerente, y al igual que en ella ya se intuía el exotismo y la inspiración de tierras lejanas.

Empezamos con la elaboración de un esponjoso pan de espelta envuelto en semillas, que entre risas bautizamos (algunas de las chicas) como «pan queque» por su textura y apariencia. Este riquísimo pan inaugural acompañó al primer plato de la mañana: una «Crema thai de calabaza» suave al paladar, salpicada de cilantro y con aroma de caña de limón y coco. ¡Algo tan sencillo y tan bueno!

De segundo, un plato de cremoso «Risotto de verduras al horno» con generosa ralladura de queso de cabra y aderezado con un buen vino blanco. Este fue servido en platos de distintos colores junto con una ensalada a la que a partir de ahora llamaré «la ensalada de Dara» por la historia que guarda y que más adelante contaré. No es una ensalada triste de lechuga y tomate. ¡No! Es una sinfonía de colores y sabores que se esconden dentro de un enorme bol de cristal. Imaginen un lecho de espinacas al que se le van incorporando trozos muy pequeñitos de apio, el crujir de las avellanas enteras, manzanas rojas laminadas, y una lluvia de fresas rojas y maduras que se dejan acariciar por un aliño de lo más original, donde el aceite y el vinagre balsámico emulsionan con las fresas, originando un suave río rosado que va deslizándose entre todos y cada uno de los ingredientes.

Por último, nos sorprendió con un «Queque marroquí de naranja» donde la almendra, la canela, los cítricos y el yogur de cabra formaban parte de la magia.

Ahora paso a contarles el secreto de la ensalada… Fue la vistosa ensalada que elaboramos la que llevó a Dara a dar un giro en su vida y dedicarse a su pasión: hacer platos distintos, arte efímero que exalta los sentidos. La vista, donde los rojos y naranjas le dicen «sí quiero» al verde. El oído, con los sonidos metálicos y acuosos de la cocina, con las voces y los silencios. El olfato, sentido primitivo y olvidado pero tan necesario para disfrutar del perfume de las hierbas y las especias. El gusto, el placer que sentimos cuando probamos algo nuevo que nos invita a evadirnos y olvidar.  El tacto, al remover harina, al exprimir un limón y dejar que se cuele entre los dedos.

Todo habla de una mujer de ojos grandes y expresivos, creativa y luchadora que ha convertido un sueño en su forma de vida. Una mujer que elabora platos ligeros y saludables con productos locales y toques exóticos que son un regalo para los sentidos.

Para mí fue un taller donde por un momento hubo tiempo sin tiempo para aprender, hablar entre nosotros, inmortalizar las imágenes en fotos, dar las gracias por vivir un momento así;  y donde se hizo el silencio mientras disfrutábamos de cada plato como algo único. Y aquí acaba la historia que cuenta que si crees en algo al final se crea. No sé si es casualidad pero nuestros nombres (Feeling-Food y Cocina con sentido) son parecidos.

Puedes ver más imágenes en el siguiente álbum de fotos.

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